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martes, 28 de agosto de 2012

Jardines de Albia, parques para después de una crisis


Algunos, a diario, se pasean por los alrededores de la Gran Vía, indiferentes al encanto de los Jardines de Albia. Hacen mal. Bilbao, esta ciudad donde la arquitectura se escribe con los rigurosos renglones del racionalismo o con la poesía embarullada del eclecticismo, nos sorprende a menudo con unas líneas bucólicas y mansas como las trazadas por Pedro Ispizua (1944) para este recoleto parque urbano.

 Nos adentramos unos metros y nos envuelve un silencio cimbreante de ramas y color. La caligrafía romántica y versátil de Ispizua consigue otra vez jugar con nuestros sentimientos y después de hurgar en la sentina de nuestro ser, extrae al menos un poco de paz.

 Media hora en estos jardines bastan para hacernos pensar que un futuro mejor todavía es posible.
Foto: wikipedia

sábado, 11 de agosto de 2012

Edificio de viviendas en Gran Vía, torres de gimnasio


Al final de la Gran Vía, cuando esta empieza a perder su nombre, se levanta este opulento edificio de Pedro Ispizua (1943). De un clasicismo cimarrón y resabiado, resalta por la magnificencia de sus torres en esquina.

 Ispizua, después de dibujar con trazos rápidos y precisos unas torres elegantes y galanas, como es la norma en tantos edificios del ensanche, debió cambiar de idea y sometió a sus criaturas a un tratamiento intensivo de esteroides. El resultado de los experimentos del doctor Ispizua son unos masivos bastiones en esquina que le dan su personalidad original y encanto a esta obra que adorna la Gran Vía.

 La levadura que ha levantado estas torres era el secreto mejor guardado de nuestro buen doctor.



Edificio de viviendas
Gran Vía 68


martes, 24 de julio de 2012

Kiosko del Arenal, Ispizua enamorado


El versátil Pedro Ispizua parece abandonar momentáneamente su racionalismo cool y sus elegantes aderezos Art Deco para adentrarse en los rincones más soñadores de un tardío Art Nouveau.

 El Kiosko del Arenal (1923) nos muestra un arquitecto más retozón o tal vez más humano. Nunca sabremos de donde viene la inspiración que da un color inusual a esta obra de Ispizua.

 Nunca sabremos si nace de un romántico viaje a París, de un lánguido paseo por el Campo Volantín o quizás, de dos tazas de café y un inesperado roce de manos.


domingo, 28 de agosto de 2011

Edificio de viviendas en Gran Vía, la fachada como lienzo

Pedro Ispizua es un de esos notables arquitectos, con personalidad y una forma de hacer propia, que tanto han contribuido a modelar Bilbao. El edificio de viviendas de Gran Vía esquina con  Gregorio de la Revilla (1945) podría ser un arquetipo de su estilo.

Ispizua propende al racionalismo canónico y preceptivo, pero en ocasiones no resiste la tentación de utilizar esas fachadas limpias como un lienzo para el expresivo Art Deco.  En este edificio de Gran Vía la base es tal vez más neutra que racionalista, ya que la esquina es achaflanada más que curva y no esta presente ese delicado juego de líneas horizontales y curvas suaves que precisa esta escuela.

Como en tantos edificios de Bilbao, el gran despliegue estilístico se produce en las últimas plantas y sobre todo en las torres que rematan las esquinas. Aquí, el paseante sereno que alce la vista, a diferencia de todos aquellos que hormiguean a diario la Gran Vía abrumados con sus negocios y sus desventuras, puede contemplar el ejercicio de Art Deco que nos ofrece Ispizua. Tres elementos; las esculturas, las fuertes nervaduras verticales de la parte más alta de la torre y los cuatro pináculos de corte balístico,  bastan para fijar una vez más la impronta de un arquitecto y la personalidad de una calle.

El lugar de los buenos lienzos es el museo y la Gran Vía tal vez sea el mejor museo de Bilbao.

Edificio de viviendas
Gran Vía – Gregorio de la Revilla