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miércoles, 1 de agosto de 2012

Vidriera de la Estación de Abando, declaración de intenciones


La grandeza intuida nos empuja a plasmar las pautas del futuro o del pasado. Así lo hizo en una humilde cuartilla Ciudadano de Kane, de la mano de Orson Welles, cuando fundó su exitoso periódico. Así lo han hecho también muchos pueblos cuando, seguros de su destino, han declarado aspiraciones, principios o intenciones.

 La enorme vidriera de Jesús Arrecubieta (1948) en la Estación de Abando cumple ese propósito. En ella está todo lo que ha sido Bilbao y lo que puede o tal vez debe ser.

 Como con todas las declaraciones más o menos grandilocuentes, cabe el juego de las correlaciones. Así unas han sido realizadas en materiales inmutables como las atronadoras declamaciones en piedra del Faraón Ramsés y otras en frágil pergamino, como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, cuando eran un pueblo que solo aspiraba a la felicidad.

 Una de las muchas ironías de la historia es que las declaraciones vertidas en  los materiales más delicados parecen haber aportado los cimientos más sólidos a sus patrones. Después de todo, ¿Qué hay más frágil que el cristal?

martes, 13 de diciembre de 2011

Estación de Abando, un tren de lejanías

Hay lugares que no son el remedio contra la melancolía. Si atravesamos un día deslucido y el pájaro de la tristeza busca anidar en nuestra cabeza, mejor que nos mantengamos alejados de la estación de Abando. 

La arquitectura del régimen pobló España de muchos edificios administrativos y funcionales similares a este de Alfonso Fungairiño (1941-1950), de los que, más allá del clasicismo sin vida, solo quedan unas cáscaras huecas llena de legajos y puños raídos.

La tristeza de aquellos años se eleva sobre el desganado conjunto de paramentos almohadillados, frontones y pesadumbre. Ni siquiera la estructura metálica que cubre la nave central, aprisionada entre aburridas fachadas laterales, puede aportar gracilidad al conjunto.

La memoria de la emigración de los años cincuenta acecha los andenes y cuando el penetrante silbido de la locomotora anunciaba la partida del tren, renace la promesa de un futuro mejor en un país lejano, entre una abundancia de prosperidad, trabajo y salchichas de Frankfurt.

Estación de Abando
Plaza Circular 2

Foto: wikipedia