Mostrando entradas con la etiqueta Le Corbusier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Le Corbusier. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de agosto de 2012

Casas de los Americanos, historia de una escalera


El racionalismo tardío y fronterizo que Le Corbusier pontificó en su Unité d'Habitation de Marsella (1952) y que algunos califican como estilo brutalista es la coartada empleada por Basánez, Argárate y Larrea en sus Casas de los Americanos (1964). Este trío, como unos Crosby, Stills and Nash de la arquitectura bilbaína, manejan con soltura la geometría íntima del cemento y el color en este efectivo ejercicio de composición.

 La poderosa escalera exterior termina dando sentido a la fachada y gana su derecho a figurar en la pequeña historia del arte moderno de la ciudad. Su monumentalidad permitiría apartarla del edificio y convertirla en una escultura singular, como un obelisco al final de una gran avenida.

Tal vez algún día podría trasladarse esta escalera al Guggenheim, y de paso, meterle un poco de caña y pimienta al museo.


Casas de los Americanos
Calle Islas Canarias, Sarriko

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Clínica IMQ en Zorrozaurre, medicina del siglo XXI

Le Corbusier, el gran arquitecto “pop” del racionalismo, definió en alguna ocasión la casa como una máquina de vivir; la nueva clínica del IMQ tal nos lleve a preguntarnos si existe también una arquitectura para curar.

El aspecto limpio y bruñido de la obra de los arquitectos Carlos Ferrater, Alfonso Casares y Luis Domínguez nos recuerda a esas máquinas médicas de poderosa tecnología alemana que adornan y quizás justifican los mejores hospitales del mundo. Los múltiples pilares de las partes bajas del edificio imponen un ritmo trepidante e higiénico donde casi podemos imaginar a los pacientes desplazados por una cinta transportadora en una interminable sucesión de pruebas, señales luminosas y códigos de barras. Solo las líneas horizontales del cuerpo central de la clínica parecen ofrecer algo de reposo. Pero las agudas y erizadas esquinas acaban alejando cualquier posibilidad de sosiego.

Puede que la medicina del futuro sea así, rápida y eficaz como este edificio, pero  también incapaz de conjugar el verbo convalecer, esa parte de la curación que antes era un arte y no es mucho más que paseos en zapatillas y bata de cuadros, luz, algo de conversación y el verde de una planta.

Foto: Imq