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sábado, 11 de agosto de 2012

Edificio de viviendas en Gran Vía, torres de gimnasio


Al final de la Gran Vía, cuando esta empieza a perder su nombre, se levanta este opulento edificio de Pedro Ispizua (1943). De un clasicismo cimarrón y resabiado, resalta por la magnificencia de sus torres en esquina.

 Ispizua, después de dibujar con trazos rápidos y precisos unas torres elegantes y galanas, como es la norma en tantos edificios del ensanche, debió cambiar de idea y sometió a sus criaturas a un tratamiento intensivo de esteroides. El resultado de los experimentos del doctor Ispizua son unos masivos bastiones en esquina que le dan su personalidad original y encanto a esta obra que adorna la Gran Vía.

 La levadura que ha levantado estas torres era el secreto mejor guardado de nuestro buen doctor.



Edificio de viviendas
Gran Vía 68


martes, 4 de octubre de 2011

Edificio de viviendas en Ercilla, marinero en tierra

Edificios como el de la calle Ercilla de Rafael Fontán (1943), son de los que convierten a sus autores en algo más que una nota a pie de página en la historia de la arquitectura bilbaína.

El fino racionalismo de Fontán tiene ese aire naval, casi de ingeniería, que comparten muchos de los mejores ejemplos de la escuela racionalista. Las curvaturas y el predominio de líneas horizontales nos trasladan a las despejadas cubiertas de los grandes transatlánticos de la Cunard de la primera mitad del siglo XX. Los pasamanos de tubo metálico ahondan en ese efecto y nos ofrecen un asidero firme en los días de viento duro del nordeste.

El ángulo agudo de la planta configura la proa del edificio que queda rematada en la cabina-torre del piloto. Todo el conjunto transmite una sensación de movimiento  plácido e ineludible, cuyo destino final, tal vez solo lo supo aquel arquitecto marítimo y sensible que fue Rafael Fontán.

Edificio de viviendas en Ercilla
Ercilla 43

domingo, 28 de agosto de 2011

Edificio de viviendas en Gran Vía, la fachada como lienzo

Pedro Ispizua es un de esos notables arquitectos, con personalidad y una forma de hacer propia, que tanto han contribuido a modelar Bilbao. El edificio de viviendas de Gran Vía esquina con  Gregorio de la Revilla (1945) podría ser un arquetipo de su estilo.

Ispizua propende al racionalismo canónico y preceptivo, pero en ocasiones no resiste la tentación de utilizar esas fachadas limpias como un lienzo para el expresivo Art Deco.  En este edificio de Gran Vía la base es tal vez más neutra que racionalista, ya que la esquina es achaflanada más que curva y no esta presente ese delicado juego de líneas horizontales y curvas suaves que precisa esta escuela.

Como en tantos edificios de Bilbao, el gran despliegue estilístico se produce en las últimas plantas y sobre todo en las torres que rematan las esquinas. Aquí, el paseante sereno que alce la vista, a diferencia de todos aquellos que hormiguean a diario la Gran Vía abrumados con sus negocios y sus desventuras, puede contemplar el ejercicio de Art Deco que nos ofrece Ispizua. Tres elementos; las esculturas, las fuertes nervaduras verticales de la parte más alta de la torre y los cuatro pináculos de corte balístico,  bastan para fijar una vez más la impronta de un arquitecto y la personalidad de una calle.

El lugar de los buenos lienzos es el museo y la Gran Vía tal vez sea el mejor museo de Bilbao.

Edificio de viviendas
Gran Vía – Gregorio de la Revilla