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sábado, 28 de julio de 2012

Biblioteca Municipal, brandy, cigarros y libros viejos


El estilo ecléctico, o sea la falta de estilo, es el camino expresivo elegido por Severino Achúcarro para este edificio del Casco Viejo (1890).

Este antiguo casino reconvertido en biblioteca arranca con la clásica base almohadillada y termina con un tejado en mansarda que aporta el toque chic afrancesado casi inevitable en los edificios fin de siècle.

 La densa y pesada orfebrería de la fachada alude al aire enrarecido por el humo y los vapores del brandy de los alegres calaveras que frecuentaban el casino hace más de cien años. Un ambiente apenas más respirable que el de los polvorientos mamotretos que hoy comban sus estanterías.



Biblioteca Municipal
Bidebarrieta 4

lunes, 26 de diciembre de 2011

Catedral de Santiago, Bilbao bien vale una misa

Algunos edificios, al igual que algunas formaciones geológicas sorprendentes, comparten su origen el la acumulación de capas o sedimentos. La Catedral del Casco Viejo es uno de esos casos; desde el siglo XV, una cadena de reformas, restauraciones y añadidos han venido de la mano de un surtido grupo de arquitectos; desde los más recientes Joseba Rementería y Rafael Purroy (2000), hasta nuestros sospechosos habituales; Manuel Galíndez (1925-1930) y Severino Achúcarro (finales s. XIX).

El producto final responde al apelativo genérico de gótico aunque el observador más erudito disfrutará con otros sabores más sutiles como el neogótico, el tardogótico o el exuberante gótico florido. La Catedral de Santiago comparte con otras obras de su estilo, esa sensación de máquina compleja, con demasiadas piezas o demasiados nombres que nos ahogan. La mera enumeración de sus partes, la sucesión de triforios, arbotantes, girolas  y cruceros nos hacen desear el borrar de nuestra mente todos esos conceptos, olvidarnos de la ingeniería medieval, y quedarnos con la luz, la atmósfera y el sosiego interior.

Esta Catedral aporta tal vez una nueva variante al amplio catálogo del estilo gótico, algo así como gótico bilbaíno, que consiste en adosar un tremendo pórtico que proteja a nuestros feligreses de la inevitable lluvia bendita.

Catedral de Santiago
Plaza de Santiago – Casco Viejo

sábado, 24 de diciembre de 2011

Estación de La Concordia, Bilbao – Baden Baden


El espíritu positivo y feliz de la Belle Époque envuelve la estación de La Concordia de Severino Achúcarro (1898).  El optimismo inquieto de la época conseguía hacernos sentir que un anodino trayecto en ferrocarril podía ser como un inolvidable viaje a los balnearios de Baden Baden.

La ostentación de color y la combinación atrevida y exuberante de estilos creada por Achúcarro permitió algún momento mágico, como el regalar a los viajeros que esperan en el andén una magnífica columnata sobre la ría, mirador desde el que despedirse de la ciudad, de los amigo o incluso tirar confeti como en las partidas de los grandes transatlánticos.

El modernismo cromático de la fachada y el eclecticismo general del conjunto recrean a la perfección el ambiente de aquellos años dorados y cuando los últimos vagones abandonan la estación todavía es posible una mirada a las mansardas afrancesadas del elegante edificio de oficinas que remata la estación.

La luz de la Belle Époque aún iluminó Europa hasta el comienzo de la Primera Guerra mundial, pero Severino Achúcarro terminó su estación en 1998, año en el que se perdió lo que quedaba del imperio colonial y el viaje que nos tocó comenzar en el siglo XX no fue precisamente para tomar los baños.

Estación de La Concordia
Bailén 2