sábado, 11 de agosto de 2012

Edificio de viviendas en Gran Vía, torres de gimnasio


Al final de la Gran Vía, cuando esta empieza a perder su nombre, se levanta este opulento edificio de Pedro Ispizua (1943). De un clasicismo cimarrón y resabiado, resalta por la magnificencia de sus torres en esquina.

 Ispizua, después de dibujar con trazos rápidos y precisos unas torres elegantes y galanas, como es la norma en tantos edificios del ensanche, debió cambiar de idea y sometió a sus criaturas a un tratamiento intensivo de esteroides. El resultado de los experimentos del doctor Ispizua son unos masivos bastiones en esquina que le dan su personalidad original y encanto a esta obra que adorna la Gran Vía.

 La levadura que ha levantado estas torres era el secreto mejor guardado de nuestro buen doctor.



Edificio de viviendas
Gran Vía 68


jueves, 9 de agosto de 2012

Puente de La Salve, juegos infantiles


La magia de este puente está en que nunca hubiéramos sospechado lo que puede encerrar un bote de pintura y unos cuantos recortes de chapa.

 En 1972, el ingeniero Juan Batanero creó lo que, desafíos de ingeniería aparte, no era más que un pontón para superar un obstáculo natural y una secuela de la desgana y desesperación de una ciudad de los setenta en la etapa final de su gloriosa historia industrial.

 Pasado el tiempo, y a fuerza de enérgicos brochazos, el artista Daniel Buren volvió  a soñar en el 2006 lo que debería ser un gran puente en una ciudad como Bilbao junto a un museo como el Guggenheim. Como todo se estaba inventando de nuevo entonces, imaginó que jugaba como un niño con unas regletas de madera a escala natural. Prismas y cilindros, cubos y sobre todo esos maravillosos arcos de color rojo que hoy dan el carácter lúdico a la zona.

 Por suerte para Bilbao, Daniel Buren eligió las regletas de colores y no una consola.



Foto: wikipedia


martes, 7 de agosto de 2012

Edificio Sota, Casa Usher


En algunas culturas primitivas, ciertos objetos se consideran dotados de alma y son temidos o venerados según la ocasión. Ese animismo antiguo abunda en la literatura de horror anglosajona y los edificios con atmósferas turbadoras o directamente maléficas aparecen desde la época de esplendor del relato gótico.

 Manuel María de Smith nos ha legado una obra monumental de estilos dispares, pero cuando incide en el medievalismo o en el historicismo inglés, el resultado muestra con frecuencia la desazón morbosa y solapada de los cuentos de fantasmas de Henry James.

 El Edificio Sota de Gran Vía (1919) participa de este juego de alusiones preternaturales, más con el talante suave de una narración de Nathaniel Hawthorne que con el sombrío horror de Poe o de Chesterton, que nos habla de una torre cuya sola arquitectura era malvada. Pero, naturalmente, Smith le da su propia vuelta de tuerca al asunto.

 El estilo que emplea para crearnos un estado de desasosiego no es el inglés, ni tampoco el gótico, mucho más perezoso si se cae en el recurso fácil de las gárgolas siniestras. Por el contrario, emplea un regionalismo de apariencia inofensiva, concretamente el montañés, y lo retuerce volviéndolo barroco y combinándolo con la propia presencia masiva y abrumadora del edificio.

 Las torres y los inmensos pináculos sustituyen también con eficacia a otros elementos arquitectónicos más clásicos en este género de arquitectura para no dormir.



Edificio Sota
Gran Vía 45

domingo, 5 de agosto de 2012

Sede del Departamento de Sanidad, diagnóstico incierto


Lo que le pasa a este edificio es que no sabemos lo que le pasa. La fachada atormentada de la nueva sede del Departamento de Sanidad de Juan Coll-Barreu (2008) no ofrece indicios claros del origen de sus males.

 La hinchazón de los paramentos preludia un severo problema de gases aunque los bultos y abscesos de sus superficies acristaladas bien podrían tener otras causas.

 La tensión acumulada en las costuras del edificio es casi dolorosa de contemplar y más de un  paseante compasivo sería partidario de una punción en la piel de cristal para aliviar la presión interna.

 La presencia del Departamento de Salud en su interior contribuirá sin duda a la resolución satisfactoria de este caso singular.



Sede del Departamento de Sanidad
Licenciado Poza esquina Alameda de Rekalde

sábado, 4 de agosto de 2012

Edificio de viviendas en Gran Vía, final de una era


Los magníficos ejemplos de arquitectura alto burguesa de principios de siglo que jalonan la Gran Vía, tienen su epílogo en este edificio en esquina de Angel Líbano. Se termina en 1927, cuando en la gran fiesta de la economía bilbaína empezaban a mermar las reservas de champagne.

 La distorsión de la realidad en este suntuoso ejemplar de viviendas de lujo es notable. La afortunada petulancia de sus clientes, permite a Líbano abandonarse al lirismo y al fetichismo de columnas largas en esta ensoñación de cuento de princesas.

 Las molduras y sobre todo la torre en esquina rematada por un gran chapitel precisan este cuento centroeuropeo, donde solo falta el fru fru de la seda de una cenicienta lista para el baile.

 El tiempo corre y en 1929, tras las campanadas de Wall Street, la carroza volvió a ser otra vez calabaza.


Edificio de viviendas
Gran Vía 42-44


jueves, 2 de agosto de 2012

Puente e Iglesia de San Antón, gracias FQ

 

Érase un puente a una iglesia pegado,
érase una iglesia superlativa,
érase una iglesia gótica y festiva,
érase un lugar de culto muy bragado.
 
Era un recinto bien cuadriculado,
érase una torre pensativa,
érase muy barroca por arriba,
era del Iturburu más adornado.
 
Érase un pórtico y una escalera,
érase de un estilo exquisito, 
la gran maravilla de Bilbao era.
 
Érase un catolicismo infinito,
muchísima iglesia tan altanera
que en la faz de Bilbao fuera delito.
 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Vidriera de la Estación de Abando, declaración de intenciones


La grandeza intuida nos empuja a plasmar las pautas del futuro o del pasado. Así lo hizo en una humilde cuartilla Ciudadano de Kane, de la mano de Orson Welles, cuando fundó su exitoso periódico. Así lo han hecho también muchos pueblos cuando, seguros de su destino, han declarado aspiraciones, principios o intenciones.

 La enorme vidriera de Jesús Arrecubieta (1948) en la Estación de Abando cumple ese propósito. En ella está todo lo que ha sido Bilbao y lo que puede o tal vez debe ser.

 Como con todas las declaraciones más o menos grandilocuentes, cabe el juego de las correlaciones. Así unas han sido realizadas en materiales inmutables como las atronadoras declamaciones en piedra del Faraón Ramsés y otras en frágil pergamino, como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, cuando eran un pueblo que solo aspiraba a la felicidad.

 Una de las muchas ironías de la historia es que las declaraciones vertidas en  los materiales más delicados parecen haber aportado los cimientos más sólidos a sus patrones. Después de todo, ¿Qué hay más frágil que el cristal?